Era el turno de don Nicanor Pelayo llanero de los lados del Uvero. Con gusto y con permiso del difunto este pasaje me sucedió estando muchacho por lados de Calabozo: venía yo de San Fernando de Apure, con una remonta media renca pues traía una carga de tabaco algo pasada de peso. el sol me traía atarrillao y el dolor de cabeza ya no lo aguantaba, el verano era inclemente y por donde quiera lo que encontraba era las zamureras dándose banquete con tanto ganado que moría de hambre. la verdad no traía ni que come, creo que hasta extraviado andaba compa, cuando de repente en medio de la na veo una garzamenta de todos colores y me dije Caramba agua al fin. así fue era una lagunita rodeada de puro monte verdecito, con aquella agua fresca y azulita. de inmediato me zumbé a beber y desensille mi bestia y descargue al renco pa que bebieran, pero noté la diferencia del lugar por donde venía al que había llegado .Era todo tan fresco y con abundancia de aves y peces que apenas lance el anzuelo, saqué un loro de unos 2 kilos que de inmediato prepare en una fogata, gua con una manteca que traía. ya satisfecho me acomode un rato bajo un mata ratón; cuando de repente me di cuenta que el dolor de cabeza había desaparecido, al igual que el cansancio y la modorra que traía. Vaye ya hasta el animal que venía renqueando anda derechito, se sentía una paz en el ambiente. caí en cuenta de que era cierto lo de la lagunita encantada en medio de la nada, ese pasaje lo había escuchado una vez en una reunión por los lados de Corozo Pando. me dije bueno Nicanor o me morí y llegue al cielo o es que esto es un encanto. al poco rato Aliste las bestias y la carga y seguí mi rumbo, pero ya comido y descansado tanto mi persona como mis bestias. a medida que me alejaba veía como cambiaba el paisaje y la temperatura, pensé en voltear para despedirme y dar gracias. pero recordé aquel dicho de mi tierra que reza lo siguiente: nunca mires hacía atrás el camino ya trochado.la audiencia sorprendida aplaude el cacho.


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