En el caserío las lajitas cerca de la población de Achaguas, aún continúa manando agua el Charco. Los vecinos dicen que alrededor de la toma de agua hay una historia real, según dicen que a principios del siglo pasado, una bestial sequía azote las sábanas Apureñas. Las represas se secaron y las lluvias no llegaban, Muchos pobladores perdieron : animales, siembras y hasta migraron a sábanas de Guárico y Barinas en busca del vital liquido. El caserío lucía casi desierto, Milagros la rezandera y encargada del catecismo para los más jóvenes, pedía a todos no perder la fe y en sus oraciones pedir perdón a Dios por lo olvidado que lo tenían. Una noche la doñita tuvo un sueño, un ángel llegó y tomándola de la mano, la llevo al frente de su humilde casita, era un terreno reseco y baldío. Ahí le dijo deben cavar 3 metros y verán brotar el agua que jamás dejará de fluir, eso sí, quienes lo hagan deben ser puros de alma, de inmediato despertó sobresaltada. Al otro día, como de costumbre llegaron los niños y jóvenes, para ser instruidos por ella en las sagradas palabras, les contó el sueño que tuvo y ellos alegres y contentos, comenzaron a cavar el hoyo. Al poco rato el agua brotaría fresca y clara, ante las miradas incrédulas de los pobladores, convirtiéndose en un inmenso charco que calmó la sed reinante y rego los conucos, también sirvió para los diferentes animales. El año siguiente llegaría de nuevo el invierno, todo volvería a la normalidad. Aún hoy día el Charco está lleno de agua limpia.

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