El Gnomo del Jardín

En cierta ocasión hace ya muchos años, decidimos viajar al pueblo del JUNQUITO a las afueras de Caracas para disfrutar de un domingo lleno de fría neblina, cochino frito, chocolate caliente y por supuesto de las ricas fresas con crema. En el paseo estábamos mi hijo de 10 años para entonces, mi señora y mi persona, lo primero que hicimos al llegar y estacionar el vehículo, fue irnos a montar los mansos caballos de la zona, cada uno monto su caballo y hasta pequeñas carreras hicimos disfrutando de lo verde y fresco del clima de montaña. Luego recorrimos el pintoresco pueblito y decidimos almorzar la especialidad del lugar, como lo es el cochino frito con hallaquitas. Luego mi señora recordó las flores que están en los inmensos jardines de las bellas quintas a la entrada del pueblo y hacia allá partimos. Al llegar veíamos atravez de las cercas de alfajor los enormes mazos de flores con colores muy llamativos y de repente observamos a una anciana de cabellos muy blancos, que llevaba una cesta de mimbre en sus manos y recolectaba algunas de las bellas flores. Ella al vernos se nos acercó y saludo amablemente abriéndonos la reja de la entrada, le dije que no se preocupara pero ella insistió y nos invito a pasar. Ya adentro nos llevo por el inmenso jardín y nos describía los nombres de las diferentes flores, rosas y especies de su hermosísimo y colorido vergel. Luego nos mostró un huerto lleno de zanahorias, remolachas, lechugas, fresas, moras y melocotones, todos muy apetecibles y frescos. Al preguntarle quien era el encargado de sembrar el huerto y mantener tan hermoso aquellos espacios, su respuesta nos sorprendió: un "GNOMO" vive aquí en en mi jardín y está es su obra. De inmediato se me cruzo por la cabeza que la señora estuviese loca o divagando, pero nos llevo tras la casa y nos mostró lo que según ella era su pequeño poblado. Pudimos observar varias casitas de diminutos tamaños y árboles miniaturas con Caminitos de piedra y postecitos con pequeñas lamparitas colgando. Mi hijo trato de jugar con lo que estaba observando y tuve que tomarlo de la mano, mi señora me miraba desconcertada e incrédula. Yo como siempre abrí mi mente y le pregunte a la señora si era una broma para divertirnos, hacernos más mágico el paseo? Ella me miro con ojos de amor y convencida de su historia respondió que los enanitos son quienes mantienen en tan hermoso estado su jardín. Esa tarde nos obsequió con algunas frutas y vegetales y nos marchamos felices de haber estado en tierra de GNOMOS.

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