La Venganza de los Duendes #5

Ya al amanecer del otro día el público aún presente en el bailorio de la noche anterior, pedía que fuera el llanero al que todos llamaban el mil amores o el pariente Arbeláez el que cerrará con broche de oro aquella larga tanda de cuentos y cachos llaneros, el pariente accedió. Luego de haberse tomado un buen caldo y un café bien negro, procedió a sentarse en una silleta de cuero viejo y quitándose el pelo de guama se aclaró el pecho, mientras los presentes hacían silencio prestando mucha atención. Bueno mis hijos un honor cerrar este hermoso homenaje a la cruz de Mayo bendita, resulta que ya les conté de como me hice rico varias veces en esta llanura y de como derroche tanta plata en mis 52 descendientes y en sus madres. Todo comenzó en aquel BATATAL de TUCUPIDO cuando tome el oro de los hombrecitos, luego pasaron muchos años y tuvimos otros encuentros en la carretera y nunca pudieron vengarse de mi, hasta hace pocos años atrás en casa de mi compadre Santiaguito Bermúdez. Resulta que esa mañana me levanté sin un centavo en el bolsillo y me dije: bueno José Ramón hay que buscar los cobres, así que agarré un gallito giro que tenía en el patio y montándome en mi viejo Jeep Willys me fui con rumbo a la gallera de TUCUPIDO. Apenas llegue aposté los cuatro fuertes que me acompañaban y ahí mismito me mataron el gallito, en eso mientras pensaba que hacer pa ponerme en plata, se apareció el compadre Santiaguito y me dice que mi ahijadita está cumpliendo sus 15 primaveras. Bueno de inmediato nos fuimos al fundo del compadre y el parrando fue grandioso, carne en vara, cerveza, aguardiente por garrafas, música criolla y mujeres como sorgo parienticos. A media noche chico me entro un gran sueño y un decaimiento, entonces pedí permiso al compa y busque mi chinchorrito y colgué en un caney viejo algo retirado de la fiesta. Miren muchachos al poco rato las pesadillas se apoderaron de mis sueños y precisamente era con los duendes, ellos se reían y burlaban de mi y me decían que al fin lograrían su esperada venganza hacía mi por aquel oro que les robe hace tanto tiempo, que ya ni se si realmente sucedió o fueron puros inventos míos. Bueno el caso es que al otro día el compadre en vista de que no me paraba del chinchorro, fue a despertarme y me encontró amarrado con pequeñas cuerdas y amordazado con bejucos y ramas de alelí. Malaya cuando logró desamarrarme, yo ponerme en pie y contarle las pesadillas que había tenido toda la noche, el compadre me dice caráche compa y sus colmillos de oro? Caramba corro a verme en el retrovisor del Jeep y me faltaban las dos monturas de oro, el anillo y mi Cristo todos de oro de 18 quilates. Esa mañana me vine pa la casa limpio y robado por aquellos duendes que tal? De inmediato la audiencia rompió con aplausos el silencio reinante en aquel patio.

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